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El libre albedrío

El libre albedrío

El propio ser humano por su propia naturaleza es un animal arrogante, que intenta mostrarse seguro, autónomo ante sus semejantes, no obstante al mismo tiempo es un animal social por excelencia, que necesita la seguridad, fortaleza, aprobación… de su propio grupo. Para este fin se sirve de muchos mecanismos como puede ser el control del entorno, dar una imagen socialmente aceptada o compartir similitud de aficiones. Muchos de estos mecanismos son puramente adaptaciones culturales que ha desarrollado el ser humano y que varían de un lugar a otro, aquí han entrado en juego muchos sociólogos y antropólogos para determinar que es lo común y lo que no.

Sin embargo la gente de a pie creé y confía con una fe ciega en sus posibilidades, cualidades y más aún en su personalidad, concediéndoles así la explicación a su conducta. Pero aquí no termina este razonamiento, pues a parte de lo dicho anteriormente también le otorgan la cualidad de un constructo inamovible donde nadie ni nada puede influir.

Estos razonamientos pertenecen al sentido común que todos y todas compartimos o hemos compartido, la causa para bien o para mal reside principalmente en el psicoanálisis que ha calado hasta nuestros huesos. Pero con el surgimiento de la psicología social se han intentado buscar nuevas rutas de explicación para las conductas humanas. Aún así, siendo la psicología social una nueva ciencia ha encontrado explicaciones alternativas, como que las posiciones, expectativas de roles y  la presión de grupo pueden inferir en la conducta de las personas.

De este modo queda demostrado que la personalidad como muchos creen no determina con total certeza la conducta, pero puede ayudarnos a demostrar patrones de comportamiento o la probabilidad que tiene una persona a realizar determinadas conductas. No obstante con esto no queremos decir que sea menos importante ni menos útil, pues tanto la psicología de la personalidad como la psicología social ambas son aliadas.

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